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“…los hombres perecían por el ultraje que el Atrida infiriera al sacerdote Crises. Éste, deseando redimir a su hija, se había presentado en las veleras naves aqueas con un inmenso rescate y las ínfulas de Apolo, el que hiere de lejos, que pendían de áureo cetro, en la mano; y a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos, así les suplicaba:

– ¡Atridas y demás aqueos de hermosas grebas! ¡Los dioses, que poseen olímpicos palacios, os permitan destruir la ciudad de Príamo y regresar felizmente a la patria! Poned en libertad a mi hija y recibid el rescate, venerando al hijo de Zeus, a Apolo, el que hiere de lejos.

Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetara al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; mas el Atrida Agamenón, a quien no plugo el acuerdo, le despidió de mal modo y con altaneras voces:

-No dé yo contigo, anciano, cerca de las cóncavas naves, ya porque ahora demores tu partida, ya porque vuelvas luego, pues quizás no te valgan el cetro y las ínfulas del dios. A aquélla no la soltaré; antes le sobrevendrá la vejez en mi casa, en Argos, lejos de su patria, trabajando en el telar y aderezando mi lecho. Pero vete; no me irrites, para que puedas irte más sano y salvo.

Así dijo. El anciano sintió temor y obedeció el mandato. Fuese en silencio por la orilla del estruendoso mar; y, mientras se alejaba, dirigía muchos ruegos al soberano Apolo, a quien parió Leto, la de hermosa cabellera: – ¡Óyeme, tú que llevas arco de plata, proteges a Crisa y a la divina Cila, a imperas en Ténedos poderosamente! ¡Oh Esminteo! Si alguna vez adorné tu gracioso templo o quemé en tu honor pingües muslos de toros o de cabras, cúmpleme este voto: ¡Paguen los dánaos mis lágrimas con tus flechas!”

Preciosa humanidad, les saludo. Esta semana voy a resumir un capítulo del libro Figuras iii de Gerard Genette, el capítulo se titula Modo: Genette fue un crítico literario francés de corriente estructuralista cuya teorización sobre la situación narrativa acuñó una suerte de paradigmas que rigen aspectos de la narratología hoy. Por eso me parece más que pertinente traerlo al calentamiento.

Antes de continuar te recuerdo que, a partir de este momento, escucharás las citas textuales en segundo plano.

Ahora sí…

En la introducción a este resumen estuchaste un fragmento de la Ilíada de Homero, esto fue porque para hablar de los modos narrativos Genette empieza por identificar los tipos de narración y las diferentes perspectivas desde las cuales podemos contar una historia.

Tipos de narración

Aquí hablaremos de mimesis y para ello nos referiremos a Platón quien, en el Tercer libro de la república, nos dice que hay tres tipos de narración: narración simple, que Genette llamará Relato Puro; narración imitativa, que es la mimesis propia de la escritura dramática y una mezcla de ambas utilizada en la escritura de epopeyas.

La Narración simple o Relato puro, es en Platón la narración que no incluye diálogos, de manera que, si el autor quiere referir lo que dice un personaje, literalmente lo refiere, no intenta “hacernos creer que es otro quien habla” el relato puro es, por tanto, opuesto a la Mimesis.

Para aclarar aún más el concepto, Platón se sirve de la Ilíada de Homero para ejemplificar la escritura que mezcla relato puro y mimesis, refiere la escena de Crises y Agamenón, esa es la que escuchaste en la introducción a este episodio, y luego la reescribe para eliminar la mimesis del texto, este es el resultado:

“El sacerdote, al llegar al campamento, suplicó a los dioses que permitieran a los griegos tomar a Troya, y que les concedieran una vuelta feliz. Al mismo tiempo conjuró a los griegos, por respeto a Apolo, a que le devolvieran su hija y aceptaran su rescate. Todos los griegos, llenos de respeto por este anciano, consintieron en su demanda; pero Agamenón se levantó contra él, le ‘mandó que se retirara y que no se presentara jamás en su presencia, no fuese que ni el cetro ni las cintillas del dios le librasen de su cólera; que antes que entregar la hija, ella envejecería con él en Argos; que se marchase y no le irritase más, si quería volver sano y salvo a su casa.’

El anciano se retiró temblando y sin decir nada. Luego que se alejó del campamento, dirigió una súplica á Apolo invocándole con todos sus nombres, recordándole todo lo que había hecho por agradarle, ya construyendo templos, ya inmolándole víctimas escogidas; y en recompensa de su piedad le suplicó que lanzara sus flechas sobre los griegos, para vengar las lágrimas que le habían hecho derramar.”

Como podés haber notado lo que hizo Platón fue eliminar los diálogos del texto.

Entonces, en Platón hay tres tipos de narración una Mimética, propia del teatro y la escritura dramática en general, otra simple que es el ejemplo de relato puro que acabamos de citar; es decir, la reescritura que hizo Platón de este fragmento de la Ilíada y otra que vendría a ser una mezcla de ambos, esa sería la versión original, la de Homero que citamos inicialmente, donde tenemos narración (que es el relato puro) y diálogos que es la mimesis.

Ahora bien, estos dos conceptos: mimesis y relato puro, son entendidos hoy, en la teoría anglosajona como Showing y telling: mostrar y contar.

Esta interpretación abre la siguiente discusión: si la Mimesis, entendida, a partir de Platón, es una narración sin narrador pues se expresa en diálogos y por tanto son los personajes quienes cuentan la historia ¿es válido hablar de Mimesis en una narración, aun cuando, como dice Genette, en la narración no sea posible mostrar algo? Para Genette:

“al contrario que en la representación dramática, ningún relato puede ‘mostrar’ ni ‘imitar’ la historia que cuenta. Sólo puede contarla de forma detallada, precisa, ‘viva’, y dar con ello más o menos la ilusión de mimesis, que es la sola mimesis narrativa…”

Modos narrativos

Ahora bien, para Genette, esta discusión y la explicación de Platón sobre el Relato Puro en comparación con la narración imitativa deja abierta la puerta para una pregunta más sobre la Mimesis:

“¿qué pasa, entonces, cuando se trata de otra cosa: [cuando la imitación trata de otra cosa] no de palabras, sino de acontecimientos y de acciones mudas?”

Es decir, ¿un texto narrativo, puede imitar acciones?

Para responder a la pregunta nos abrirnos paso hacia los modos narrativos: para Genette, el relato se entrega al lector a través de un filtro, ese filtro está formado por dos reguladores de información: el primero regula la distancia entre la historia y los detalles que se van contando en la narración y el segundo regula los grados de conocimiento de la historia que tengan uno o más personajes, esto determina la perspectiva que se adopta en la narración.

Hablemos de distancia.

Si la narración varía en los grados de distancia entre la historia y los detalles que recibe el lector, entonces el relato puro, relato sin diálogos, es más distante que el relato mimético, relato sin narración.



La pregunta que se plantea Genette y que dejamos abierta hace un instante es: ¿Cómo funciona la Mimesis en una narración de acontecimientos y acciones mudas? a lo que él mismo responde:

“…la mimesis verbal no puede ser sino mimesis del verbo. En el resto no tenemos ni podemos tener sino grados de diégesis”.

En este sentido, al hablar de Mimesis en narrativa no hablaremos sólo de diálogos sino de la cantidad de información que entrega la narración, a mayor cantidad de información menor distancia y más Mimesis.

Ahora bien, ¿cómo hacemos para medir los grados de diégesis? distinguiendo entre los factores que hemos tratado hasta ahora, Mimesis: que es entonces el relato de acontecimientos y Diégesis: que es el relato de palabras.

Hablemos del relato de acontecimientos. Recordemos que para Genette la Mimesis en la narrativa es una ilusión, y por tanto, si se pretende Mostrar a través de la narración, como el único recurso que se tiene son las palabras, esa Mimesis ilusoria estará presente en la medida de que haya más detalle en el relato y menos narrador; es decir, en la medida de que lo descrito, lo narrado, sea lo suficientemente potente como para generar una imagen en el imaginario del lector y que, en consecuencia, este vea en lugar de leer.

Ejemplifiquemos el relato de acontecimientos con un fragmento de la novela El relato de un náufrago de Gabriel García Márquez:

“…en medio del resplandor del maretazo que estalló contra la borda alcancé a ver un relámpago metálico. Instintivamente, agarré un remo y me puse a descargar el golpe de muerte: estaba seguro de que el tiburón se había metido en la balsa. Pero en un instante vi la aleta enorme que sobresalía por la borda y me di cuenta de lo que había pasado. Perseguido por el tiburón, un pez brillante y verde, como de medio metro de longitud, había saltado dentro de la balsa.

Con todas mis fuerzas descargué el primer golpe de remo en su cabeza. No es fácil darle muerte a un pez dentro de una balsa. A cada golpe la embarcación tambaleaba; amenazaba con dar la vuelta de campana. El momento era tremendamente peligroso. Necesitaba de todas mis fuerzas y de toda mi lucidez. Si descargaba los golpes alocadamente la balsa podía voltearse. Yo habría caído en un agua revuelta de tiburones hambrientos. Pero si no golpeaba con precisión se me escapaba la presa. Estaba entre la vida y la muerte. O caía entre las fauces de los tiburones, o tenía cuatro libras de pescado fresco para saciar mi hambre de siete días.

Me apoyé firmemente en la borda y descargué el segundo golpe. Sentí la madera del remo incrustarse en los huesos de la cabeza del pez. La balsa tambaleó. Los tiburones se sacudieron bajo el piso. Pero yo estaba firmemente recostado a la borda. Cuando la embarcación recobró la estabilidad el pez seguía vivo, en el centro de la balsa. En la agonía, un pez puede saltar más alto y más lejos que nunca. Yo sabía que el tercer golpe tenía que ser certero o perdería la presa para siempre. De un salto quedé sentado en el piso, así tendría mayores probabilidades de, agarrarlo. Lo habría capturado con los pies, entre las rodillas o con los dientes, sí hubiera sido necesario. Me aseguré firmemente al piso. Tratando de no errar, convencido de que mi vida dependía de aquel golpe, dejé caer el remo con todas mis fuerzas. El animal quedó inmóvil con el impacto y un hilo de sangre oscura tiñó el agua de la balsa.

Yo mismo sentí el olor de la sangre. Pero lo sintieron también los tiburones. Por primera vez en ese instante, con cuatro libras de pescado a mí disposición, sentí un incontenible terror…”

El objetivo de un relato mimético es que, aun cuando la narración se ocupe de describir objetos o contar eventos no verbales, los grados de distancia entre los detalles entregados al lector y la historia se reduzcan lo suficiente como para crear en el lector una imagen tan potente que le haga olvidar la presencia del narrador.

Opuestamente, en el relato de palabras la distancia entre los detalles entregados al lector y la historia tiende a ser más variable dependiendo de la tipología narrativa, a este respecto Genette propone tres tipos:

Discurso narrativizado, discurso transpuesto y discurso revestido. En el discurso narrativizado el diálogo no existe y la narración es breve, directa y al punto pues se limita a contar lo que pasó sin detenerse en los detalles.

En el discurso transpuesto Genette hace una separación entre: estilo indirecto y estilo indirecto libre:

El discurso en estilo indirecto es ese relato puro del que hablamos antes a partir de Platón, donde el diálogo no es dicho por el personaje, sino que es narrado por el autor; de manera que puede ponerse en duda la literalidad del diálogo referido, pues lo que se cuenta está filtrado por la interpretación de quien narra. O sea, es como cuando ocurre un accidente y cada uno de los testigos tiene una versión diferente del mismo evento, la narración está filtrada por la interpretación del narrador.

El discurso transpuesto en estilo indirecto libre es un tipo de relato en el que la narración se confunde entre el discurso indirecto y el discurso interior, de manera que la aproximación al discurso de los personajes está filtrada en menor medida por la narración y en consecuencia los detalles de la historia entregados al lector son más amplios y por tanto la distancia es más corta, en comparación con el discurso transpuesto en estilo indirecto y, naturalmente, el discurso narrativizado.

Recordemos que, a una distancia más corta, más cerca del relato mimético o, al menos, de la ilusión de la Mimesis.

El tercer tipo de narración en el relato de palabra es el discurso revestido: esta es la forma más mimética de narración, se refiere a la mezcla del discurso narrativizado, al que inicialmente llamamos relato puro con Platón y el de acontecimientos, el mimético. Es el que distingue a la narrativa, primero en las epopeyas y luego en cuentos y novelas. Es el que incluye en la narración diálogos y monólogos; incluyendo aquí relatos escritos completamente en primera persona, como en El Relato de un náufrago que citábamos antes, ahí la figura del narrador cedió su lugar al personaje protagónico.

A este respecto Genette nos dice que:

“Hasta finales del siglo XIX, la escena novelesca se concibe, bastante lamentablemente, como una pálida copia de la escena dramática: mimesis en dos grados, imitación de imitación.”

Sin embargo, la búsqueda de la emancipación de la narrativa persiste y tiene su máxima expresión cuando la narración se cede al personaje (narración en primera persona – monólogo interior) aquí el relato queda

“emancipado de todo patrocinio narrativo”

Así cerramos el episodio de hoy, te recuerdo que las recetas para escribir ficción no existen, la teoría es funcional para ampliar los recursos creativos y nada más.

Preciosa humanidad, muchísimas gracias por escucharme.

Un saludo, un abrazo gigante y hasta luego.